El guerrero y el payaso

Leo frecuentemente, y también escucho de forma habitual una queja común sobre los hombres: no colaboramos en el hogar.

¿Qué esperaban las mujeres?, ¿que ese tipo chuleta y divertido que encontraron por casualidades del destino se deslomara portando la aspiradora por las esquinas de la casa?. ¿Acaso esperaban que aunque lo supiera todo, iba a saber como arrancar la grasa de las cacerolas?. No, ese tipo de sabiduría suele ser poco práctica, y mucho más importante que cualesquiera de las nimiedades del hogar.

 

Como hombre tengo el privilegio de poder escuchar de primera mano las opiniones sinceras de mis congéneres, es decir, cuando estamos borrachos y decimos lo que pensamos sin darnos cuenta, aunque ciertamente, cuando se trata de mujeres suele coincidir con lo que decimos cuando estamos sobrios. Algunos opinan que tales barbaridades sólo pueden ser una pose, una defensa, que no puede ser cierto lo que oyen. No os engañéis, suele ser rabiosamente cierto lo que dicen con sorna.

Somos guerreros, brujos, mercaderes, ladrones… incluso sacerdotes. Lo de lavar, planchar y barrer no es lo nuestro, nunca lo fue; habrían de asumirlo y aceptarlo las afortunadas a las que hemos elegido para compartir nuestras vidas. Nuestras madres nos enseñaron a berrear para conseguir lo que queríamos, a correr por el parque y a defender a los débiles. Nos enseñaron a pelear por lo nuestro en el colegio y a no romper la ropa cuando rodábamos por el suelo. No recuerdo yo que jamás mi madre me enseñara a hacer un huevo frito, bastante sufría la pobre para lograr que me lo comiera sin plantar batalla.

¿Y ahora quieren esas insensibles mujeres que portemos espátulas en vez de espadas?, ¿que parlamentemos sobre lactancia y colecho en vez de discutir fogosamente sobre tácticas militares?, ¿hasta que punto de domesticación creen que podemos llegar?. Es normal que los índices de natalidad hayan disminuido hasta casi desaparecer, un hombre debe tener ocupada su mente en batallas, conquistas y operaciones balísticas: sean estas de arpones, flechas o balones. En cualquier caso, sin la épica, un hombre, deja de serlo.

Quizás las féminas que ahora reclaman la figura del padre,  no cayeron en su dia, que no todo hombre puede ser padre, todo lo más semental. Sólo algunos hombres pueden ser padres padres, además de guerreros, magos, cocineros, porteadores de basura, payasos para sus hijos, masajeadores de hombros de sus parejas, y hábiles recogedores de mierda en la cocina.

Lo que distingue unos de otros no es su mirada, ni sus atributos -físicos o intelectuales-, sin embargo es fácil reconocerlos. Son aquellos que desde el primer momento, se preocupaban más por la persona, que por la mujer.

 

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