La negociación

por Sancho Lerena


Sí, aquello que ves es tripilla. Ya lo empiezas a ver, ella todavía no lo siente dentro, pero ambos sabéis que el concepto “la niña/el niño” es algo que se empieza a materializar. Ella además sufrirá una serie de cambios físicos, que varían mucho para cada mujer, es decir, da igual lo que leas que siempre será una sorpresa.

Una cosa importante que debes entender, es que a partir de ahora hay dos roles diferenciados claramente, y que son tan antiguos como el ser humano. Ella será la madre, y tú serás otra cosa. Disponte a ser ignorado, a ser considerado un mero acompañante. Ese concepto de sociedad igualitaria en el que has sido educado, aquí desaparece. En todo este proceso, ella es la importante. Y eso es irrebatible, tú nunca podrás parir un niño, asi que calla y escucha. Eres como la materia oscura, necesaria para explicar ciertas ecuaciones de la física, pero a nadie más le importa un culo, no se ve, no se habla de ella, y solo sale cuando se habla de cosas gordas con pinta de marron o catástrofe.


Esa fue la primera lección que aprendí. A menudo lo había visto en parejas que llevaban mucho tiempo casadas, que él tendía a darle la razón a ella sin discutir, y parecía feliz. En mi mundo eso no funcionaba así, en mi mundo si algo no era justo, había que negociar, discutir, y pelear por aquello que era justo.

Primera regla: Cuando veas que no busca un acuerdo, sólo discutir, dale la razón.

Ahora que ella comienza a ser la reina de la fiesta, la negociación empieza a ser muy complicada, porque veámoslo asi. La fiesta es su útero, y tú ni siquiera estás invitado, asi que te conviertes más o menos, en el proveedor de cervezas de la fiesta. Asúmelo. Es el comiendo del “todo vale” para ellas, asi que cuando antes entiendas tu papel, antes podrás jugar tus cartas.

Puedes creer que ya estás acostumbrado a sus cambios hormonales cada 28 días, y que en el peor de los casos se pasa al cabo de unos días. Bueno, ya imaginas lo que voy a decir ¿verdad?. La buena noticia es que no es tan malo como crees, ella puede tener más estabilidad que cuando tiene la regla, todo depende de cómo gestiones la “fiesta”. Si asumes que eres el proveedor y ella la dueña del evento, entonces todo irá bien, esto supone que tienes que entregar el pedido de cervezas en fecha y cambiar el color de la tapicería si ella decide que no pega con la decoración. Si no lo haces, entenderás porque ella es la jefa y tú no. Asúmelo, ella lleva a tu hijo dentro, eso le da un as en la manga. ¿Tú que tienes?.

Una vez que establezcas una relación, y unas reglas, podrás contraatacar cuando a ella caiga en un ataque de locura transitoria, sea por las hormonas o porque ha leído alguna mierda de libro sobre maternidad que le mete ideas absurdas en la cabeza.

Utiliza las reglas preestablecidas de esa relación de jefe-proveedor que habéis asumido de forma explícita. Ni siquiera una mujer llena de hormonas es capaz de negar las arbitrariedades que ella misma ha impuesto previamente. Bueno, no esperes que lo haga en el acto, por supuesto, pero si en un momento de contricción posterior. Todo lo que tienes que hacer es aplicar la segunda regla:

Segunda regla: Aceptar todo lo que te diga y sonreír.

Esto no es más que una evolución del primer principio: dos no se pegan si uno no quiere. En el fondo tú sabes que has hecho lo correcto, y lo único que haces es esperar a que tarde o temprano ella se dé cuenta de que ha sido presa de un ataque de hormonas. Te agradecerá tu paciencia y eso fortalecerá aún más vuestras reglas, sabiendo que funcionan para ambos.

Si no funciona a la primera, recuérdale las reglas del juego. Ella tiene la fiesta, pero tú eres su proveedor. Ella decide el juego, pero tú ayudas a él. Al igual que dos no peleean si uno no quiere, dos no se divierten si uno no baila.

 

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