Lo natural

por Sancho Lerena


Uno de los temas más recurrentes en los libros sobre niños y maternidad es la palabra “natural”. Para ellos, lo natural, lo que viene directamente de nuestros genes, es que el niño llore cuando no le hacemos caso, y por tanto, lo natural es que le demos toda la atención del mundo.

Entérese, señor escritor, lo natural en este mundo es que los feos se mueran solos y viejos, y que las mujeres guapas y con curvas tengan muchos hijos.

El hombre “al natural”.

Afortunadamente el hombre es el único animal que ha huído hace siglos de las leyes de la evolución, yo mismo, según las leyes de lo natural, no debería tener hijos ya que habría muerto ya varias veces. ¿Entonces debo regirme por esos mismos principios que dicen que YO no debería ser padre?.

Está bien como idea decir que los niños sólo son unas criaturas desvalidas, y que los padres deben darle amor y cariño a todas horas, darles la teta hasta que dejen de pedirla –aunque sea a los seis años-, dejar de trabajar para estar con ellos, y por supuesto, dejarles que duerman con los padres hasta los doce años ¿y porqué no?.

Porque hay que trabajar, porque es necesaria la intimidad en una pareja, porque es necesario que los niños aprendan desde el principio que la vida tiene límites y que existen roles y jerarquías, que aprendan desde el principio que no todo vale, que la libertad tiene un precio, y eso nada tiene que ver con querer menos a tus hijos.

Huíd como la peste de esos argumentos, que empezarán siempre por la palabra “genes” o “lo natural”. ¿Qué sabrán esos de lo natural?, escribiendo un libro sobre la maternidad, sobre la lactancia, sobre el vínculo entre una mujer y su hijo… ¡si son hombres¡.  Exactamente igual que un cura hablando de relaciones sexuales… todavía si hablara de masturbación.

Dice mi madre que cuando yo era pequeño, yo era buenísimo. Que no lloraba nunca. Por estas teorías naturalistas, yo debería haber muerto en la tierna infancia, al no reclamar la protección de mi madre constantemente.  Entiendo que nuestros antepasados, hace cien mil años, probablemente tenían a tocapelotas diciendo lo mismo sobre el hecho de que dedicaran más tiempo a pintar paredes o a fornicar como posesos con el resto de mujeres de la tribu. El hombre siempre tiene preguntas para todo, y por supuesto, siempre habrá quién le de una respuesta. Yo soy más bien del tipo que se hace más preguntas que respuestas, porque las respuestas, se suelen responder solas cuando se hace una buena pregunta a tiempo.

De las tres opciones ¿cuál te parece la más apropiada?:

a) ¿Es normal que mi hijo llore tanto?, pues mira, no lo sé, no hablo su idioma.
b) ¿Es normal que mi hijo adolescente años me odie?, pues mira, no lo sé, no hablo su idioma.
c) ¿Es normal que mi mujer cuando me cuenta sus problemas y se cabree cuando la interrumpo para intentar aportar algo?, pues mira, no lo sé, no hablo su idioma.

Quizás el problema de los hombres es que nos cuesta escuchar otra voz que no sea la nuestra. Quizás el problema es que diferentes grupos tienden a hablar con sus propias reglas, y fuera de estos patrones no hay quien les entienda. Porque dime tu que te parecen, estas otras preguntas:

a)  ¿ Tío te vienes el sábado de juerga con X e Y ?.
b)  ¿ Tío me dejas tu coche para salir esta noche ?.
c)  Tío, estoy harto de mi curro, ¿crees que debería buscarme otra cosa?.

No sé tú, pero yo tengo claras las respuestas, y si no las tengo, sería un gusto discutirlas con quien me lo hiciera. ¿Por qué no puede ser tan fácil con los niños, los adolescentes o las mujeres?.

Supongo que ya sabes la respuesta. Y no, no es porque 100,000 años de evolución hacen que los niños lloren cuando quieren teta, simplemente, la comunicación es jodidamente compleja, y tendrás que averiguar tú mismo, con tu niño, tu mujer o tu hijo adolescente cuales son las reglas. No dejes que nadie te diga en base a las reglas naturales como tienes que actuar.

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